sábado, 24 de agosto de 2013

LAS TRADICIONES DEL PALMAREJO DE ANTIER.



.LAS TRADICIONES EN EL PALMAREJO DE ANTIER
                                                                                                            Por Luis Alfredo Valles Silva

Interpretando un Lejío o Canto de Sirena


EL SANGUEO DE LA LIBERTAD:

Con este nombre puntual, se conoció, en Palmarejo, idénticamente se conoció en otras comunidades aledañas, hasta hace unos 35 o 40 años atrás a una modalidad de Sangueo, entendiéndose con el nombre de sangueo, al género ceremonial de canto, toque y baile con el cual se acostumbra recorrer, con la imagen de San Juan El Bautista, las calles de los caseríos y/o comunidades sanjuaneras de los estados Carabobo, Aragua y Yaracuy; trataré de manera particular de relatar lo mas clara y amenamente posible mi experiencia vivida en Palmarejo, comunidad afrodescendientes del actual Municipio José Joaquín Veroes, antes llamado por los habitantes del lugar “Berois” (José Joaquín Veroes. San Felipe (Yaracuy) 1789 _ San Felipe (Yaracuy) 8 enero 1855 
Coronel del Ejército Libertador, intervino como soldado y oficial en la Guerra de Independencia de Colombia, Perú y Venezuela. Su madre, Antonia Veroes o Berois, descendiente de negros africanos, lo confió al cuidado de Agustín Rafael Álvarez de Lugo, abogado, político y justicia mayor de San Felipe. Veroes pudo asistir junto a los hijos de Álvarez de Lugo a la escuela elemental de los padres dominicos y adquirir conocimientos que luego le serían útiles en la carrera de las armas. Se dice tradicionalmente que el 19 de abril de 1810, Veroes abofeteó al hijo del Alférez real que, a las puertas de la iglesia, en San Felipe, le increpó para que se quitara las botas, el traje y la capa que llevaba, pues este tipo de vestimenta sólo podían lucirla los blancos pertenecientes a la nobleza; el incidente le obligó a huir de la ciudad y refugiarse en El Tocuyo…” Lisbella Páez),
en donde me curtí como sanjuanero y de lo cual, eternamente, daré gracias a Dios por ello.
Antes de ahondar en el propio tema que me ocupa, me permito relatar una condición muy hermosa del Palmarejo de antes y porque no decirlo del afroveroense de antes; hasta hace unos treinta años atrás, los sanjuaneros de los caseríos afrodescendientes de Yaracuy,  es decir de Agua Negra, Palmarejo, Farriar, El Chino y Taría, inclusive hasta los que no eran sanjuaneros, pero si afroveroenses o moradores de dichos caseríos, ya que se dieron casos de personas que llegaron de otras comunidades y en suelo veroense se hicieron sanjuaneros y/o parranderos; lo mas trascendental de esto, es que en estos caseríos todos se consideraban familia o pariente, existía un vínculo de fraternidad o de hermandad muy estrecho, lamentablemente ya extraviado o perdido, era algo tan fuerte, que se acostumbraba con gran solemnidad y respeto el guardar luto en el mas estricto sentido de la palabra, se le guardaba luto hasta de un año, entiéndase bien; de 12 meses, es decir 365 días, hasta a un compadre o a una comadre, o a la madrina o padrino de un hermano o hermana; era característico, que cuando sucedía un fallecimiento en la comunidad todo el pueblo entraba en luto o duelo, las damas del caserío un año de negro, seis meses mas de medio luto, en caso de madre, padre, abuelo, abuela o hermano-hermana hasta tres o cuatro años de negro y uno o dos de medio luto, casi no se andaba por las calles, se salía solo a lo eminentemente necesario, los caballeros indicaban este dolor mediante un listón o banda negra en el antebrazo de la blusa o camisa, no se festejaba por ninguna razón, no se escuchaba música alguna; cuando el caso era en un pueblo vecino, según fuese el parentesco, las damas se trajeaban de negro, el morado nunca se usó como luto en nuestras comunidades afroveroenses, se estilaba cortar leña en el caserío y hacer por lo menos un haz de ella e irla a obsequiar a la casa del difunto, ello en señal de solidaridad, respeto y afecto.
Volviendo al caso de Palmarejo, retomando el tema al cual debo referirme, es decir al “Sangueo de La Libertad”, acoto que este tomó ese nombre, debido a que dentro del contexto de la identidad grupal, la fiesta o parranda de San Juan Bautista  encierra muchos elementos que le dan fisonomía propia, uno de ellos es la participación colectiva bien definida, lo cual ha dado fortaleza a la manifestación en si desde hace décadas, cuando se sale a parrandear con San Juan es a dar el todo por el todo, en la actualidad son muchísimas las personas que se avocan a la parranda del Santo en Palmarejo, basándome en ello me atrevo a decir sin temor a equivocarme, que es la comunidad afroveroense donde esta festividad aun conserva sus rasgos mas cercanos a los originarios, hoy dia, al ser tantos los participantes de la festividad, no se evidencia claramente la ausencia de alguno de sus miembros, es decir que si uno u otro, o una u otra sanjuanero o sanjuanera se retira de la parranda, ello no se evidencio o se nota tanto, cosa que no sucedía en el Palmarejo de otrora, en el de antier como me inicié titulando mi crónica, en el Palmarejo donde yo era un adolescente, casi aun un niño, en el Palmarejo donde las parranderas mas destacados eran Las hermanas Carlina, Juana y Regina Landinez, Reyes Sevilla, Flor María Barboza, Cruz Guzmán, Sofía Catalina Blanco, Valentina Blanco, Matilde Blanco, Hermelinda García, las ya mayores hermanas Ambrosia, Simonita y María de la Cruz Oliveros Mora, Santiaga Oliveros, Ventura Ilarraza, Gabina García, las hermanas Francisca, María y Cosmelina García, solo por nombrar algunas de las mas destacadas, y los tamboreros, pues antes el palmarejeño participaba como tamborero o a lo sumo como “toriquero”  “toliquero” (tocador de palos sobre los cumacos), mas que en otra acción, entre ellos  Paulino Oliveros y sus hijos Luis Arteaga (hijo con Guillermina Arteaga) , Eloy Sevilla (hijo con Sulpicia Sevilla), Pedro Quiñónez (hijo con Domitila Quiñónez); Dionisio Landinez, Matías Sevilla, Maximiliano Sevilla, Benito Montero Olivero, también solo por nombrar algunos de los mas destacados, pues Palmarejo siempre se ha caracterizado porque casi todos los habitantes, hombres y mujeres son parranderos y parranderas de las fiestas a San Juan.
Considerando que las parrandas no eran supernumerarias en cuanto a los participantes como en la actualidad, se notaba la ausencia o el retiro de uno sanjuanero o de una sanjuanera, era ley que quien salía a parrandear con el santo debía permanecer todo el tiempo que durase la parranda; cuando una o un sanjuanero por algún motivo se iba y alguien lo notaba, ponía su querella o queja ante el colectivo de parranderos y acción seguida, se buscaba un mecate en el pueblo, cosa que nunca faltaba en una comunidad agrorual; se nombraba rápidamente una comisión, encabezada por una persona muy cercana “al evadido o a la evadida”, dicha comisión  daba inicio al recorrido del pueblo, por lo general siempre salía alguien que daba detalles donde se hallaba el susodicho o la susodicha, al encontrarle, “le ponían preso”, un arresto sin protesto, le amarraban de manos y lo regresaban a la parranda, en ella permanecía atado o atada durante largo tiempo, se daba el caso que se reunían hasta cuatro o cinco presos, estos rogaban que les soltaran, las mujeres a ves hasta con llanto lo solicitaban, pero era un inminente castigo por haber abandonado la devocional tradición, los cantos de los luangos proseguían sucesiva y avivadamente; hasta que en cierto momento se decidía recorrer el pueblo con los detenidos y/o detenidas, el recorrido se hacía, como aun hoy se hace, como lo acotamos al inicio, con los llamados sangueos, era un especie de castigo que se le daba a los evadidos y evadidas de la parranda, hasta que una de las cantadoras detenidas, o muy solidarizada con una o uno de estos, decidía cantar el “Sangueo de la Libertad”, ello con la intención de conmover al resto de parranderos para que les liberasen; la letra del sangueo es la siguiente:

El Solista: Libertad pa' los presos
Coro:    No se le da.
Solista:  Libertad, Libertad
Coro:  No se le da
Solista: Por caridad
Coro: No se le da
Solista: Para los detenidos
Coro: No se le da

Solista: Para Las detenidas
Coro:   No se le da

Cantando luangos Sanjuaneros

       PARRANDA DE SAN PEDRO APÓSTOL CON          SAN JUAN BAUTISTA EN PALMAREJO DE YARACUY.

Por muchos es conocido que las festividades para San Pedro (Simón o Simeón. Apóstol de Jesucristo y primer jefe de su Iglesia nacido en Betsaida de Galilea  y fallecido en Roma), según el Santoral católico, fueron asignadas el dia 29 de junio de cada año, fecha que comparte con su homólogo, el también Apóstol San Pablo (Paulo de Tarso), este San Pedro es festejado en muchas localidades del país, en Palmarejo, hasta hace unos cuarenta años atrás, tal vez un poquito mas, se festejaba, cada 29 de junio en concordancia con su “Santo Día”, para esa ocasión se desarrollaba una extraordinaria y no menos lucida Parranda que la que se realizaba a San Juan Bautista, días antes, el 24 de junio, pero con la particularidad que la imagen religiosa que se veneraba y se observaba en tal momento no era la de San Pedro, era la misa de San Juan, la del San Juan de Palmarejo, caso similar ocurría en el resto de comunidades de la para aquellos tiempos mal llamada “Zona Negra” actualmente denominada “Zona Afroveroense”.
Cada 29 de junio, día de San Pedro, los parranderos desde finales de la tarde comenzaban a “concentrarse” en casa de la “Madrina de San Juan”, primigeniamente de la ya desaparecida “Ambrosia Oliveros Mora”, hija mayor de la legendaria Marta Mora y de su esposo Anselmo Oliveros, los sanjuaneros mas antiguos de los cuales se tiene noticias en el actual Municipio Veroes y luego de su deceso en casa de su sobrina nieta y ahijada Juana Landinez, allí iban dándose cita cada parrandero, para una vez reunidos la mayoría de ellos, solicitar el simbólico permiso a San Pedro Apóstol para en su día repetir la festividad a, y con San Juan el Bautista; idénticamente se recorrían las calles de aquel Palmarejo de luminarias de carburo y gasoil con las interpretaciones de los Sangueos tradicionales, de vez en cuando se llegaba a una casa donde en la puerta estaba colocada una bandera amarilla, el amarillo es y ha sido siempre el color del San Juan en Palmarejo, esa bandera le indicaba a la parranda que allí les estarían esperando y donde les harían una cortesía, así fuese de lo mas sencilla, tal vez una botella de una bebida espirituosa para los parranderos, sobre todo para aclarar las gargantas maltrechas de las cantadoras y dar fuerzas a las manos de los músicos tocadores de tambores largos, acompañantes para los cantos de luangos sanjuaneros; tal vez les obsequiarían una taza de caldo de gallina con su “cosido” (plátano verde cosido o salcochado); tal vez con una pequeña contribución monetaria, entre otras. Allí, los llegados, los parranderos se apostaban a las puertas de la vivienda, bajaban la imagen de San Juan, de seguido un canto de Sirena de saludo, una respuesta, bien de alguna mujer de la casa visitada o bien de otra parrandera visitante y otra y otra y otra, hasta culminar los cantos de sirenas o lejíos, una vez culminados los cumacos arrequintaban su ronco sonido y los paleros, paliteros, toriqueros o toliqueros marcaban la base rítmica sobre los cuerpos de los propios tambores largos y una veterana solista apuntaba un luango corrío que todas las demás mujeres responderían cargadas de euforia y frenesí; tal situación solía repetirse en reiteradas ocasiones hasta llegada bien entrada la madrugada, cuando los cuerpos de ébano de aquellos palmarejeños de la década del 60 y mas atrás no daban para mas y debían retirarse a sus humildes pero honrosos hogares a descansar.

Sanjuaneros de Palmarejo de Yaracuy

PARRANDA DE LA VIRGEN DEL CARMEN  CON SAN JUAN EL BAUTISTA EN PALMAREJO DE YARACUY
Idénticamente, como en el anterior caso de la Parranda para el dia de San Pedro, en aquel Palmarejo antañón, para el dia de la Santísima Virgen del Carmen, el dia 16 de julio, se armaba una soberana Parranda de Tambores, igual en el caso del dia de San Pedro, se solicitaba un simbólico permiso a la madre de Jesucristo en la advocación de la Santísima Virgen del Monte Carmelo, es decir La Virgen María del Carmen o solo Virgen del Carmen, para hacer honores a San Juan El Bautista, el resto de aconteceres era a la par con el del Día de San Pedro Apóstol.

Madrina de San Juan Bautista de Palmarejo, Señora Juana Landinez


ENTREGA DE BANDERAS DEL CULTO DEVOCIONAL DE SAN JUAN BAUTISTA EN PALMAREJO DE YARACUY.

Por todos es bien sabido, que la Iglesia católica celebra la fiesta principal a San Juan Bautista, el precursor de Jesucristo, el 24 de junio (seis meses antes de Navidad, ya que el Evangelio cuenta que su madre Isabel estaba de seis meses cuando el ángel anunció a la prima de ésta, María, que sería madre del Mesías), así mismo, aunque muy poco conocido, como el dia 29 de agosto, por la Iglesia Católica, se conmemora la decapitación (Degollación de san Juan Bautista), en los pueblos o comunidades sanjuaneras del Municipio José Joaquín Veroes del Estado Yaracuy, para el día 30 de ese mismo mes de agosto, estimando que se correspondería con la fecha del sepelio, se realizaba, con suma solemnidad, la llamada “Entrega de Banderas” el Culto devocional de San Juan Bautista. Acción que entró en decadencia hace muchos años, tal mes unos 30 o mas, hemos observado entregas de Banderas, recientes, en comunidades como Albarico y Agua Negra, pero en nada se le parecen a las Solemnes Entregas del Culto Sanjuanero del Palmarejo de Marta Mora, de su  hija Ambrosia Oliveros y de su bisnieta Juana Landinez, la última entrega de banderas que recuerdo haber visto de sanjuaneros tuve la dicha de verla en Farriar, en donde idénticamente se realizaban como en Palmarejo, la vi en casa de la Señora Calixtra Ortega, siendo aun adolescente ya inmerso en el mundo de la cultura tradicional de Venezuela, me encontraba de visita en casa de la familia de la, para aquel entonces, Maestra Rosa Emilia Monagreda de Barboza, quien por cierto es también bisnieta de la Legendaria Marta Mora, al ser nieta del primogénito de Doña Martha y Don Anselmo, el afamado Celso Oliveros Mora (“Papa Celso”), recuerdo que entre los parranderos andaban, mi hoy día Comadre Rosa Emilia Monagreda de Barboza, Úrsula “Ucha” López, Georgina Graterol y Petra Ortega (hermana de Calixtra), los hermanos Tabo y Ñero Barboza, Eloy Sevilla y su hermano Pedro Quiñónez, entre otros tantos cuyas imágenes y nombres no llegan a mi mente, la mayoría eran miembros de una organización que se conformó en el Veroes, la misma ya desaparecida, llamada “Cultores de Veroes” la concentración de parranderos fue en la calle principal vía Agua Negra, esquina de la calle 5 de julio, diagonal a la casa de la Señora Dominga Peralta, donde funcionaba la sede de la antes referida asociación de cultores; aprovecho para pedir disculpas a los familiares de muchos de los nombrados en esta crónica que ya han emprendido sus rumbos en el viaje sin retorno, ruego para ellos su eterno descanso. De allí salió el sangueo con la imagen de San Juan Parrandero, el San Juan local, el de Farriar; las mujeres que iban portaban banderas que ondeaban al aire ágilmente al son de las tamboras, tomamos la vía que conduce a Pueblo Nuevo, por allí luego de un cierto recorrido, tras breves detenciones y descansos llegamos a casa de la Señora Calixtra Ortega, allí esa robusta y simpática mujer salió rebosante de alegría, brazos al aire, por momentos aplaudía y bailaba, colocando ambas manos apretadas sobre su cabeza, el sangueo que el cortejo que acompañaba la imagen de San Juan Bautista entonaba, salió a recibirnos, de seguido la emoción de todos fue abrumadora, Calixtra abrazaba y besaba a toda la comitiva, seguido el “Burro de San Juan”, es decir quien lo portaba y lo bailaba a los compases de los sangueos interpretados, lo colocó en medio del patio o solar delantero de la casa de la Señora Calixtra, con la intención de descansar, enseguida los tamboreros se colocaron sobre las tamboras como si las cabalgasen e interpretaron algunos “luangos golpiaos”, que cantaron las damas presentes, entre ellas mi Comadre Rosa, y Georgina, todos bailábamos alegremente, mujer con mujer, hombre con hombre, hombre con mujer, era todo alegría y sano compartir, al rato de bailar frenéticamente los luangos golpiaos, se detuvo la parranda, Calixtra entró a su casa y sacó una botella de bebida espirituosa para ofrecer a los llegados, disfrutamos de un merecido descanso de lo fatigante de la jornada  acto seguido Doña Calixtra, pidió que le interpretaran un sangueo, solicitud que no se hizo esperar, tomó la mesita con la imagen de San Juan en sus manos y lo bailó emocionada, luego lo introdujo dentro de su humilde morada, siguiéndola a ella entramos todos los que conformábamos el cortejo de sanjuaneros,  incluyendo los tamboreros, Doña Calixtra, una vez dentro de su hogar, devolvió la mesa del Santo a quien lo tría inicxialmente, y al tiempo del canto de sangueo, con la terminación de este, el Burro de San Juan lo colocó en el centro de la salita, todos formamos involuntariamente un círculo, algunas de las damas presentes, Calixtra en primer lugar, Úrsula “Ucha” López, Petra Ortega y Georgina Graterol, se arrodillaron pegadas a la mesa de San Juan, se tomaron por los hombros y pegaron las frentes a la mesa del santo, realizando ademanes corporales a los compases del sangueo que aun tocaban los tamboreros, al cabo de un tiempo levantaron nuevamente sus cabezas y se alzaron del piso todas con excepción de Doña Calixtra quien enseguida se acostó boca abajo delante de la imagen de San Juan, luego se introdujo por debajo de dicha mesa, mas o menos hasta la altura de los hombros, luego salió de allí y se volvió a tender en el piso, en esa ocasión boca arriba y haciendo ademanes corporales nuevamente se introdujo debajo de la mesa del santo, alzó ambas manos y tomó la mesa del santo y la colocó sobre todo su torso, allí hacia movimientos corporales al son de los compases del sangueo que interpretaba el grupo de presentes, al poco tiempo caso similar realizaron otras de las damas, Úrsula, Georgina y Petra, entre otras, al final todas quedaron acostadas boca abajo en el suelo alrededor de la mesa e imagen de San Juan, al poco tiempo se fueron alzando del suelo y se arrodillaron, seguido pidieron que les entregaran sus banderas que cargaban, lo que las mujeres realizaron, el resto de damas presentes, entre ellas mi hoy dia comadre Rosa Monagreda de Barboza y otras también se arrodillaron y un grito convertido en canto de Sirena o lejío que lanzó Úrsula inundo de nostalgias la salita, seguido fue Georgina quien respondió a Úrsula su lejío, y luego Calixtra y otra y otra y otra, una repetía turno y otra la seguía, de pronto comenzaron todas a llorar a gritos, se abrazaban unas con otras y todos los que las veíamos también llorábamos de verlas llorar, recuerdo claramente que Eloy Sevilla me dijo, Así es como se entrega Banderas, al poco tiempo comenzaron a enrollar poco a poco, aun llorando, pero ya mas consoladas, Calixtra se levanto de primera y mirando al techo de su salita introdujo la bandera por entre las cañas y tablas que servían de armazón para un humilde techo de zinc, otras mujeres que también estaban la emularon y lo hicieron seguidamente, el resto de damas las apretaban contra sus cuerpos y las llevaron de regreso, con un silencio ceremonial regresamos al pueblo, casi sin hablar estuvimos por ratos en el, hasta que cada cual fue regresando a sus respectivos hogares, las mujeres una vez en sus casas igualmente colocarían sus banderas clavadas en los techos o guardadas en lugares donde no fuesen tocadas, sería hasta el año que viene que nuevamente saldrían a la calle a dar inicio al ciclo del ciclo de festejos a San Juan Bautista, yo me regresé a Palmarejo con Eloy, que siendo palmarejeño ya residía en Taría, donde aun hoy reside, en el trayecto me contaba, que así era como se hacía una verdadera entrega de banderas, entre otras cosas le pregunté el por qué las mujeres lloraban y me respondió que era porque ellas no sabían quiénes de sus familiares o de ellas mismas ya no estarían para el venidero año y también porque recordaban a familiares que participaban activamente en esos eventos que ya habían muerto.

Parranderos de San Juan de Palmarejo de Yaracuy





martes, 30 de abril de 2013



LA TULLÍA
O MISIA CALAMIDAD.

Por Luis Alfredo Valles Silva







EL DIA PRIMERO DE MAYO,  SE PRESENTA LA TULLÍA,  CON SU MALETA EN LA MANO,  SEÑORES MUY BUENOS DÍAS!                                                                                                       

Con esta cuarteta popular, perduró en algunos sectores del Municipio Independencia, específicamente en el otrora barrio La Independencia, una muy antigua leyenda, a la cual los coterráneos mas añejos del lugar le aseguran orígenes indígenas y lo cual degeneró en una también antigua tradición. Se trata pues de un evento, que  fue solapado por otro, el primero una costumbre tradicional comunitaria, que hasta la presente fecha no le hemos hallado par en otro estado y menos país, aunque estamos seguro de que si lo habrá y estaremos gustosos de saber de estos, el segundo evento que opacó al primero fue la promulgación internacional allá en el año 1889,  con el Día Internacional de Los Trabajadores. 

Por lo menos en lo que respecta a nuestra familia y el entorno de la misma, siempre se recordó al día “Primero de Mayo” como el Día de La Tullía, estamos conscientes de que dicho término no es más que un barbarismo de la correcta palabra “Tullida”  de lo cual el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos dice: Tullido (a): (Del part. de tullir). adj. Que ha perdido el movimiento del cuerpo o de alguno de sus miembros. U. t. c. s. La  susodicha “Tullida” es pues, un personaje imaginario, según los portadores orales del mito era una mujer horrorosa, de muy mal aspecto, profetizadora de malos augurios, portadora de calamidades, de allí que en comunidades, según nuestra dilatada amiga y colega investigadora de tradiciones locales, en su Municipio José Vicente Peña, también del Estado Yaracuy, La Profesora Carmen Aída González,  se le conoció y aun se le recuerda como “Misia Calamidad”. 

Ese día primero de mayo, el citado personaje llegaría de casa en casa portando un bagaje o equipaje de todo lo malo que ella podría presagiar, pero sobre todo dejaría la mas inminente hambruna para todo el año; lo único que podía contrarrestar el mal advenimiento de su presencia en el hogar, era levantarse muy temprano, inclusive antes de que los rayos del sol dieran en ese día y encender el, para aquel entonces “fogón” (lugar en ranchos o estancias, donde se hace el fuego para cocinar) de los humildes hogares de las familias de aquellos antiguos días; aun retumban en nuestros oídos, los gritos de las mas viejas de las casas vecinas, en los para aquellos días solares, donde no existían paredes amuralladas que hoy día aíslan las familias, no se contaba ni con cercas o “empalizadas” los patios eran colectivos y uno iba y venía de uno y de otro hogar como si fuese el propio, y pues si a viva voz se dejaba oír: - “Fulana levantáte y prendé ese fogón, mirá que te va a agarrar la tullía” a lo que instantáneamente, acto seguido, como un mandato militar quien escuchaba aquella expresión, y por olvido lo había obviado, encendía tal vez ya no un fogón, tal vez su cocina de “mecha” y de a kerosene, difícilmente se contaba con las modernas cocinas a gas y menos las eléctricas, se hacía un cafecito o un té de hierbas del patio, tal vez de yerbabuena (hierba buena), o de malojillo o cualquier otra hierba aromática y medicinal, de lo cual se debía brindar u obsequiar a los miembros del hogar y preferiblemente a los vecinos y/o parientes, que eran los que circundaban el entorno familiar de esos tiempos, ello era signo de que el año sería próspero, de abundantes alimentos que degustar y compartir con el vecindario, se cancelaba la nefasta premonición de un año duro o de escasa bonanza.

Informantes:
Señora Celsa Mercedes Silva de Valles
Señora María Amalia Gómez Orozco (+)
Señora María Isabel Aponte Colmenarez (+)

jueves, 20 de septiembre de 2012


LA OLLETA DE GALLO
PLATO TÍPICO DE INDEPENDENCIA DE YARACUY – VENEZUELA.-
Por Luis AlfredoValles Silva
Informante: Doña Celsa Silva Villanueva de Valles



La Olleta de Gallo, la historia de este exquisito guiso o cosido se pierde en el tiempo y en las rurales comunidades de los Pueblos del Sur del Municipio Independencia en el Estado Yaracuy, Cañaveral, Vijagual y Tamanavare, asumimos que también en Mampostal y La Negrita; su nombre se remonta a la época de la colonia, "olleta", hace referencias a una olla grande de loza o de barro como también se le solía llamar, (olla de cerámica o loza) muy usada en la referida época en los fogones de leña, era el utensilio preferido a la hora de un buen guisado, puchero o cosido y en la cual se unían en un compendio de deliciosos sabores, obtenidos de la amalgama de los mas variados ingredientes, en este delicioso Plato Criollo y típico del municipio Independencia, el mismo obtenida su receta de la Familia Silva Villanueva, en donde el Gallo vendría a ser el mas importante personaje en la preparación.

Para la elaboración o preparación de la olleta de gallo, como su nombre lo refiere la carne estelar es la de gallo, por lo general un gallo casero y preferiblemente viejo, carne que se deberá acompañar de verduras, vegetales y especies tradicionales, en este caso, las empleadas por la familia en cuestión, acá es importante destacar, que según la tradición familiar estas especies suelen variar. Para obtener un cocido o guisado sustancioso, gustoso y apetecible se debe hacer con paciencia y mucho esmero. Este exquisito plato típico venezolano, aunque en la actualidad, ya sabemos que es oriundo de España, pero que se criollizó en los fogones de las casas de las familias mestizas que lo heredaron y lo transformaron a su gusto; solía prepararse para ser degustado los domingos o días festivos o especiales, tal es el caso de encuentros familiares, es decir cuando la casa donde se prepararía, recibiría la visita de familiares alejados o distanciados por diferentes motivos; la elaboración de este guisado requiere dedicación y paciencia. En los últimos tiempos se empleó para su cocción ollas de metal de las que se adquieren en los mercados, debido a que las de loza o cerámica se dejaron de elaborar. 



INGREDIENTES:

Un gallo  preferiblemente viejo
2 cucharadas de aceite
1 ó 1 y ½  kg de verduras (papas, ñame, ocumo, apio, batata, auyama, etc.)

PARA LA SAZÓN:

1 cebolla de cabeza o redonda
1 pimentón sin semillas
1 cabeza de ajo desgranado, pelado y machacado
1 trocito de papelón (o 2 cucharadas de azúcar morena)
1 ají dulce al gusto
Cebollín o cebolla larga al gusto
Unas ramitas de culantro de monte (cilantro silvestre)
sal y pimienta blanca al gusto
4 clavitos de olor (opcional)
1 palito de canela (opcional)
1 cucharada de vinagre de vino
1 taza de vino de cocina
Agua residual del salcochado de maíz blanco pilado (“Agua de maíz sancochado”). En los últimos tiempos se hizo adicionándole al agua para hacer la cocción del gallo harina de maíz precocido.


PREPARACIÓN:

1. El Secreto de la olleta de gallo está en el agua para su cocción, antiguamente se acostumbraba a comer as arepas del diario casero de las llamadas de maíz pilado, para elaborar dichas arepas, algunos tenían en sus corrales (patios o solares) plantaciones de maíz blanco el cual una vez cosechados pilaban y almacenaban para su posterior y  cotidiano uso, algunos y ya mas tendiendo a los últimos tiempos,  adquirían el maíz ya pilado en los llamados “Pilones” (establecimientos dedicados al expendio de maíz pilado y sus derivados para el alimento de cerdos y aves de corral (Pico, Nepe, Afrecho, entre otros), el maíz pilado se cocía o “salcochaba” como se le decía antiguamente en abundante agua fresca, se acostumbraba en todas las casas hacer esta faena hogareña en horas de la tarde, una vez cocido o sancochado el maíz (ablandado) se retiraba del fogón (estufa elaborada con tres piedras llamadas topias y como combustible trozos de madera, llamados “leña regendía”  -leña hendida- o trozos de madera), se dejaba reposar hasta el día siguiente, cuando muy de mañana se extraía el maíz salcochado o sancochado (cocido) y se molía, algunos lo hacían con dos piedras, previamente seleccionadas con las características particulares que se ajustaran a la necesidad según el uso, una la de mayor tamaño serviría de base y otra pequeña a la cual llamaba “mano” o “mano de moler”, el conjunto de ambas piedras recibía el nombre de “Piedra de moler”, y sobre la cual se iba colocando porciones de granos de maíz y con la mano de moler lo trituran volviéndolo una masa mas o menos uniforme, se retiraba gradualmente las porciones de masas hasta que se  olía el total de granos cocidos; otros ya con mas modernidad, empleaban los llamados “molinos Corona”, adquiridos en los expendios comerciales de la época, estos inicialmente fueron manuales y en los últimos tiempos se adquirían con motores eléctricos, en ellos se molían las porciones de granos y se iban apilando similar al caso de la piedra de moler, posteriormente se amasaba muy bien y con dicha masa se elaboraban las deliciosas arepas que irían a acabar de cocerse en el fogón a la leña; con el agua que quedaba al extraer los granos de maíz para molerlos y hacer las arepas, a la cual damos a llamar “agua residual”, se la apreciaba o valoraba como un líquido muy especial, ya que por tradición oral se conocía que allí quedaba el mayor cúmulo de vitaminas del maíz, a diario dicha agua se empleaba como refresco casero, se le adicionaba guarapo de papelón o azúcar (se endulzaba) y se bebía en las comidas o a la hora de refrescarse, cuando se contaba con las llamadas neveras o heladeras y por ende con el hielo se le colocaba para enfriarla y era mas agradable al paladar, esta misma agua residual del maíz, era la empleada para cocer o salcochar el gallo para la olleta, era el toque especial.

2. Se troceaba muy bien el gallo bien lavado (beneficiado). Hablamos en tiempo pasado, pues este plato dado el modernismo se dejó de elaborar, también porque las abuelas y bisabuelas murieron y las generaciones de relevo no prosiguieron elaborándolo, a los sumo quedó como parte de la tradición oral.

3. Una vez troceado el gallo ya beneficiado se colocaba en la olla con el agua residual del maíz, dicha olla contentiva del señor gallo y su preciado líquido ce acercaba al fogón, en este aspecto prevalecía la sapiencia o veteranía de la cocinera, pues debería según sus experiencias heredadas de sus antecesoras lograr que el gallo se fuese  ablandando a fuego lento, dado que lo dejaría en dicho fogón durante toda la noche, el truco por decir algún término estaba en saber atizar (acercar) los trozos de leña quienes deberían irse consumiendo muy lentamente y no dejar pasar de blandita o dejar muy dura la carne del gallo, al día siguiente, la cocinera encargada de la elaboración de la olleta se cercioraba del asunto, si estaba muy dura aun la carne le adicionaría mas agua preferiblemente de la del agua residual del maíz del día y la ponía a hervir otro tanto, hasta que diere el punto o dente, una vez en su punto justo.

4. Se irían preparando lo referente a las verduras que deberían pelarse y lavarse muy bien, en otro recipiente u olla se pondrían a ablandar, algunas abuelas las adicionaban directamente al puchero amanecido y le adicionaban mas agua para que ellas (las verduras) alcanzaran su textura deseada, seguidamente:

5. Se preparaban los aliños para la sazón; en una sartén con el aceite onoteado (pintado con onoto o achote) se colocaban, previamente troceados la cebolla redonda, el pimentón, el culantro,  el ajo y el cebollín, seguidamente se sofreía todo al criterio de la cocinera, una vez listos dichos aliños se adicionaban al puchero o guiso y se iba mezclando muy bien tras revolver el guiso, posteriormente se le adicionaba, la pimienta molida, la sal al gusto, y el trocito de papelón o el azúcar, también al gusto o criterio de la cocinera; los clavitos dulces y los trocitos de  canela, el vinagre de vino y el vino de cocina, mezclando o revolviendo muy bien con una cuchara de madera, se dejaría cocer por el tiempo necesario unos 10 o 15 minutos mas, tratando de que no quedare tan espero y no se convirtiese en un especie de guiso para hallacas.



Notas: En los últimos tiempos algunos le adicionaban alcaparras y aceitunas, pero en el caso de la familia Silva Villanueva, por tradición de la Bisabuela Juana Bautista Villanueva, no les agradaba pues aseveraba que le cambiaba la sazón.

Algunos empleaban en lugar de gallo, patos igualmente de preferencia los caseros y viejos.
Este Plato característico de la culinaria Independence en Yaracuy, dejó de elaborarse con la aparición de la harina de maíz precocido hace unos 50 años, en virtud de que la misma no requiere de ser hervida para ablandarle, por tal motivo no se siguió obteniendo el agua residual del maíz salcochado, que era el aspecto principal, luego del gallo para su elaboración, aunado a que el fogón de leña fue primeramente reemplazado por la cocina a kerosene y luego por las modernísimas a gas y/o electricidad.



sábado, 16 de junio de 2012


EL BAILE DE LA BAMBA O BAILE DEL CINCO
Por Luis Alfredo Valles Silva

¡Bamba – Bambita, Venga esa bamba!
Así gritaba una expresión bucólica de la localidad de Palmarejo, jurisdicción del Municipio José Joaquín Veroes en el Estado Yaracuy, comunidad poblada por afrodescendientes y ubicada en las riberas del bajo valle del río Yaracuy, otrora navegable, en donde la manifestación festiva tradicional mas relevante es la dedicada a San Juan El Bautista, San Juan El Parrandero, el de los Cumacos, el de los loangos  y sangueos para su parranda. No obstante es una comunidad donde según la tradición oral y sus cultores populares, abundaron muchas expresiones tradicionales, las mismas producto del diario compartir, de la llamada socialización, entre ellas un gran números de actividades lúdicas, cantos y acciones ocasionales como las “Romerías del Niño Jesús”, bien fuese el “Niño de La Piedra”, el cual llegaba del vecino poblado de Albarico o bien el “Niño de Los Cachitos” que llegaba de la vecina San Javier de Agua de Culebra, ambos eran recibidos en Casa del ya desaparecido Candelario Sevilla, magnifico Cantador de Romerías, quien junto a Efigenio Olivero “El 30” y otros lugareños a partir de sus llegadas daban inicio durante casi todo el mes de estadía a recorrer, tanto al Palmarejo de aquellos días como a Agua Negra, Las Rositas (hoy Farrear) y El Chino, principalmente, algunas veces solían llegarse hasta los propios albarico y/o San Javier a Devolver la sagradas y veneradas imágenes.
Otras manifestaciones tradicionales del acervo festivo, eran los llamados “Golpes de Arpa” o “Arpa” como se le llamó en sus últimos tiempos de ebullición social, en este género son recordados los mas diestros bailadores de la comunidad Lorenzo Olivero, Sebastián Olivero, Clarisio Olivero “Chingo Claro”, entre otros, así como Paula Bolívar, Cecilia Sevilla, Simonita Olivero y Segunda Villanueva, por cierto en casa de esta última matrona era donde se formaban los mas sonados bailes de arpa, dado que de allí era el ultimo maestro arpisto que se recuerda en la zona, “Maestro Pio García”.
Paralelo a este Baile existió otro de corte similar, el cual cultivaban las mismas personas participes del Baile de Arpa, dado que se realizaba en las mismas ocasiones y como una variante de este, nos referimos al llamado “Baile  de la Bamba”, así denominada por alusión a la antigua moneda venezolana de valor nominal igual a 2,50 centavos, o sea los llamados cinco reales, ello debido a que cuando se emitieron luego de ser acuñadas a principios del siglo XIX (1800 - 1020) las primeras monedas en cobre y plata su denominación, emulando la nominación Española era de “Reales”, término que posteriormente cambio a Pesos, también llamado “Peseta”, nombres también tomados de denominaciones de monedas españolas, dicho baile a consecuencias de ser asociado con la moneda llamada bamba y de la cual ya hemos aducido su valor nominal de cinco reales, también solio llamarse “Baile de Cinco”,  al equiparar su misma identidad monetaria, o sea Cinco reales era una Bamba.
Como informante clave de este baile Palmarejeño, el cual, según, también se bailaba en Agua Negra, de donde tal vez llegó a Palmarejo a finales del siglo XIX, y el cual debió bailarse también  en Las Rositas (posteriormente llamado Ferriar y hoy día, indistintamente  Farriar o Farrial), tuvimos a Doña Felipa Santiaga Oliveros Mora y a su comadre Ventura Ilarraza, con quienes una tardecita debajo de los almendrones de frente a la casa de la abuela Santiaga en su Palmarejo querido, tuvimos la dicha de conversar como tantas otras veces, la conversación surgió al estar hablando de dinero, la abuela Santiaga  refirió a “Mocho” su hermanito del alma, a Paulino Oliveros Mora, aquel legendario tamborero heredero del legado del toque ancestral de los cumacos sanjuaneros de su abuelo y de su tío ambos en línea materna, Anselmo Oliveros y Celso Oliveros Mora respectivamente, en relación a que Paulino, siendo el hermano mayor, ambos hijos de María de La Cruz Oliveros Mora, criados sin padres y siendo el mayor, desde muy jovencito y cuando había responsabilidad tuvo que ser el sustento de la familia, y nos refirió que su salario como jornalero en una posesión del Coronel Faneite, un potentado del caserío El Chino, quien por cierto con el tiempo se hizo compadre de  él al bautizarle a su hijo mayor en María Sulpicia Sevilla, el actual tamborero mayor de Veroes Eloy Sevilla, nos contaba la abuela Santiaga que el sueldo diario de “Mocho”, lo apodaban Mocho, porque nació en el año que nació El llamado Mocho Hernández, un caudillo de Venezuela finales del de Siglo XIX y principio del XX,  era una “bamba”, al preguntarle qué  cosa era una “Bamba” nos dijo:              - Cinco reales pues!, eso era una moneda de plata-plata y valía cinco reales, era parecida a la que hay hoy en día que es de a dos bolívares, bueno que antes era de plata y ahora como que son de lata o otra lavativa mas  (se refería a la ya en desuso moneda de a dos bolívares, para alrededor de 1900 a 1965 era de plata y luego fue de níquel, denominación que entro en desuso alrededor de mediados de la pasada década), seguidamente a esa observación, la Comadre Ventura, inseparable compañera desde sus épocas de mocedades, hoy día por designios de Dios nuestro Señor, ambas en el descanso eterno, le comenta:
Ventura: - ¿Te acordáis comae, que eso era lo que le pagaban lo jombren  a la mujeren ante cuando bailaban la “Bamba”?
Santiaga: - No me voy a acordá  comae, si yo lo vie bailá, hasta lo bailabamo de embute jugando en la casa entre to los muchacho, ya nosotros tábamos grande cuando lo bailaban en casa de Segunda García (la que luego sería Segunda Villanueva al casarse con Pedro Villanueva el de Agua Negra)
Una vez oída esa plática entre las dos amigas, vecinas  y comadres, tuvimos que meternos en la conversa, pues se había puesto aun mas interesante de lo que siempre había sido, le consulté a la Abuela Santiaga, que como era eso y nos refirió que eso lo bailaban mucho, casi todos los fines de semana había arpa y “entremetío” con el arpa (a manera de intermedio) bailaban la bamba o el cinco reales o cinco.
En resumen el baile, una vez todos los invitados o convidados, previamente sabían quién era pareja con quien, pues se acostumbraba a sacar el permiso a las damas a los padres, y estas iban a la fiesta o con la mamá o con un hermano mayor o tío o algún otro representante, para identificarse quien era la pareja de cual caballero, este le dejaba, en ocasión de solicitar el permiso respectivo para que fuese su pareja en el baile, una de sus prendas mas significativas de caballerosidad como lo era el sombrero, en épocas pasadas el sombrero era signo de ser un hombre de respeto y en algunas veces valía mas que cualquier cantidad de dinero en efectivo, simbolizaba un cheque al portador.
Llegada la ocasión del baile en referencias, es de recordar que estas fiestas se realizaban con conjunto musical en vio, no había ni tan siquiera la electricidad, es decir era con grupos de los llamados de cuerda, en este caso en particular durante un joropo, particularmente llamado en el poblado y otros vecinos “Baile de Arpa”  (tal vez no había llegado al pueblo el nombre de joropo como tal); pues algún participe de la fiesta anunciaba el momento estelar del Baile de la Bamba, seguidamente alguien colocaba una silla en el centro de la pista de baile y se iban formando velozmente las parejas alrededor de dicha silla, iniciaba el acompañamiento musical, con una pieza de las acostumbradas durante el baile de arpa, solo que este en ciertos momentos era detenido (los músicos paraban su ejecución) y alguien a viva voz  pronunciaba las palabras:
¡Vengase la Bamba! o ¡Bamba-Bambita, venga esa Bamba!, u otra expresión relacionada con el nombre de la moneda en cuestión, otras veces solía emplearse las voces: ¡Venga esos cinco¡ y ello sustentado en que al parara la música,  la pareja que le correspondía, la cual era indicada por una marca con algún objeto o persona que previamente se colocaba y se describía ante todos, por ejemplo si era una persona esta se pararía en un lugar determinado, generalmente delante y a espaldas de los músicos, seguido la dama se sentaba en la silla centrada en la sala, alrededor todas las parejas y mas alrededor los observadores, acto seguido, el verso. Acá deseamos referir la acción transcurrida entre las dos comadres:

     Santiaga: - Entonce la mujer se sentaba en la silleta y el hombren le dedicada su verso.
     Ventura: - La Sirena coma, era una sirena.
     Santiaga: - Ay si e verda, era una sirena.
Acto seguido, Santiaga nos deleitó con una muestra, aun hoy día, sostienen, la mayoría por no decir que todos,  quienes oímos cantar “Sirenas” a la abuela Santiaga, que no había otra persona en todo Palmarejo y que creen que en todo el Veroes que supiera echar Sirenas como lo hacía Santiaga, la sirena que nos dedico fue una de sus muchas ocurrencias, era una dama de aquilatada  personalidad, la sirena se la dedico a su querida comadre Ventura fue:
Santiaga:  Ay comaaaaaaadre que mi padre era carpintero (2) y se le quebró el serrucho (2), volteee ese cu…..  a lo que la comadre Ventura la detuvo de inmediato.
Ventura: - Comadreeeee, tu  como que me va a……
Santiaga: (Carcajadas) – Ay comadre, perdóname comadre (carcajadas).
Alli la Abuela Santiaga recordó, que de eso la habían ido a entrevistar hacia bastantes años atrás, un Doctor abogado, como ella lo refirió, ya luego a través de Juana Landinez, quien llegó al poco rato y se integró al grupo, nos enteramos que el Doctor que refería la Abuela Santiaga era nada mas y nada menos que Don Manuel Rodríguez Cárdenas y no es que Juana lo conociera, sino que nos informó que era el esposo de una que Bailaba en Caracas y que lo habían grabado y que Santiaga también le había dado el Sanqueo Del Lirio Blanco, que también lo habían grabado, a su manera pero lo grabaron, allí de inmediato recordamos del Largo Duración en acetato que grabara la Agrupación Danzaria Danzas Venezuela de Yolanda Moreno, donde se encuentra una pieza denominada de Yaracuy al Tocuyo, es una pieza ambientada en dos espacios geográficos, a Yaracuy lo presenta con el sangueo antes referido, pero con el fondo del Arpa, o sea que Santiaga si le dijo que era un toque de arpa, pero el Maestro Rodríguez Cárdenas, hizo un montaje recreado, cosa característica en todos los Montajes del Danzas Venezuela, seguido en el montaje se dejan oír un par de versos, debieron ser sirenas, pues si era para la fiesta de San Juan igualmente debieron ser cantadas al estilo de la Sirena y no como meras cuartetas o versos, pero en todo caso, esa pieza grabada por Danzas Venezuela, supere cuchada y trabajada por las escuelas y por muchas agrupaciones, algunas veces pseudonacionalistas también la emplean en sus montajes de proyección, dicha pieza es el único antecedente tangible con el cual contamos, sin embargo contamos con el testimonio incuestionable de la Cultora Juana Landinez, Sobrina prima de Santiaga, antes se nos enseñaba a respetar muchísimo a los mayores así no fueran de la familia sanguínea, mas si lo era y Santiaga era Sobrina carnal de Celso Oliveros Mora y Celso era el Abuelo de Juana al ser Padre de Dorotea Landinez la mamá de Juana, Juana es una prolongación de los saberes de Santiaga y de su tía abuela Ambrosia Oliveros Mora, Ambrosia era hermana de Celso y la antigua Capitana del Culto a San Juan Bautista de Palmarejo hija primogénita del matrimonio que formaron los Curazoleños Martha Mora y Anselmo Olivero, fundadores del pueblo de Palmarejo al venirse de Palmarejo junto a sus hijos e hijas.
Siguiendo con el hilván de la pieza que nos ocupa, una vez sentada la dama en la silla (silleta según el antiguo léxico Palmarejeño), el caballero le dedicaba su verso, con la modalidad que con melodía de canto de Sirena, una vez culminado su parte poética, seguidamente reanudaría la música con su joropo reposado, con arpa estilo central, al indicar la parada, sería el turno de la dama, el caballero se sentaba en la silla y dedicaba a este su parte poética con melodía de canto de sirena, caso similar al anterior, una vez finalizada la respuesta de la dama, el caballero le gustare o no dicha respuesta debía pagarle a  esta, la muy cacareada “Bamba”, es decir le daba la moneda de “Cinco Reales”, de allí no faltaba que alguien ufanado de emoción gritase a viva voz: Ya este le pagooooo! u otra expresión de similar tenor, seguido la dama le devolvía el sombrero el respectivo  caballero, así seguirían pareja tras pareja, tras pareja, hasta que al concluir estas, finalizaba la pieza coreográfica teatralizada y lúdica.

Según enumeraron las comadres Santiaga Olivero y Ventura Ilarraza, los diestros bailadores de esa muy afamada Bamba, Cinco Reales o Cinco en Palmarejo fueron Celso Oliveros Mora, Cosme Oliveros, Benedicio Martinez (Benedicto o Benericio), Candelario Sevilla, Simonita Oliveros Mora, Paula Barboza, Guillermina Blanco, María Sevilla (La mamá de Sulpicia Sevilla), La Niña Oliveros, entre otros.
















EL BAILE DE LA GUACHARACA DE SAN FELIPE

                                                                           Por Luis Alfredo Valles Silva

En una ocasión, luego de visitar al pariente, ya fallecido Don Antonio Sánchez Valles, conocido como El Poeta Campesino de Guama, aunque era oriundo de su Guararute natal, allá en su muy querido “Rancho Conuquero”, lugar de trabajo diario y de estadías placenteras para sus inspiraciones poéticas y musicales, me agradaba sobre manera conversar con ese viejo sabio que, desafortunadamente, se nos fue en el viaje sin retorno, hace ya cerca de unas dos décadas. En una de esas conversas interminables en nuestra búsqueda eterna de la sabiduría popular que manaba de las fuentes vivas de nuestros cultores del ayer, nos refirió del aguinaldo de Los Maitines, en su sencillo y oportuno explicar nos hizo entender que se trataba de un estilo, llamémosle “género musical” del ciclo navideño de la Venezuela Folklórica, propio de la comunidad de Albarico en nuestro Estado Yaracuy; y de cuyo género incluyó en una de sus grabaciones de la época, el Grupo Luango, en mi inagotable curiosidad por los aspectos de la tradición venezolana, percibí que como género se trataba de una serie de piezas, no solo una versión de ella, esa inquietud me motivo a desear seguir la pista de ese canto navideño de Maitines, conociendo a la localidad de Albarico y contando en dicho pueblo con amistades eternas de dilatada estimación decidí llegarme hasta allí, en primera visita me llegué hasta casa de un amigo, el cual tampoco hoy día esta entre nosotros, allí en Albarico era mi eterno anfitrión, Humbertico Cordero Oviedo, a su casa llegaba como si fuese la mía, su familia, de la cual estaré eternamente agradecido os acogía en su seno como uno mas del grupo familiar, a este amigo le referí mi inquietud por conocer del género musical que bullía en mi cabeza, él como individuo muy joven para aquel entonces desconocía completamente de lo por mi señalado, igualmente su familia no conocían nada de ello, sin embargo me alienta diciéndome que allá existían muchas personas mayores que tal vez si sabrían el asunto, sus palabras me animaron mucho y a toda velocidad le digo pues vamos donde alguno, decir yo esas palabras y al instante va pasando por frente de la casa de la Familia Cordero Oviedo una matrona, de hecho conocida por mi, pues era una de las afamadas sanjuaneras del lugar, la ya fallecida Petra Cambero, “La Catira Petra Cambero” o “Petra Cambero La Colorá”, como la conocíamos en Palmarejo, seguidamente la abordamos y le preguntamos al respecto del aguinaldo Los Maitines y nos responde que claro que si lo conoció y disfrutó mucho, pero que como lo de ella era el tambor y bailar, no sabía mas nada de eso, nos dijo además que quien sabían todo de dicho aguinaldo, pues eran cantadores y velorieros de santos y cruz de mayo y santos y todas esas cosas eran Román Rico y Ramón Chirino, que lo de ella era bailar sus Valses, su tambor y La Guacharaca que le gustaba mucho, aquella información, me causó mucho mas interés que el que tenía por el aguinaldo, le consulté sobre eso de la Guacharaca y me contó que ese era un Baile que acostumbraban realizar durante las fiestas en las casas de familias, casi siempre antes de que terminases, me informó que era un baile de parejas, un muchacho y una muchacha, los cuales generalmente se atraían, aunque algunas veces la pareja la formaban hermano y hermana y hasta padre e hija o hijo y madre, pero que por lo general era para enamorados secretos, mas que todo se acostumbraba bailar en San Felipe, en los sectores llamados Cantarrana, El Zumuco y la Zona de la Manga del Barrio Panteón, que en Albarico y San Javier También lo bailaban, aunque no tanto como en San Felipe, donde era una ley que lo bailaran, eran épocas de bailes con conjunto en vivo, los llamados grupos de cuerdas, para ello contrataban su conjunto, estos interpretaban guarachas de la época, valses criollos, joropos, “el minueto”, entre otros y para cerrar el baile, el de los versos, de las bombas o de la Guacharaca; a esto le pregunte porque la guacharaca y con su verbo aun de una dama coqueta, me respondió que porque así se llamaba y era porque le cantaban en el joropo a dicha ave gallinácea, que mientras iban bailando alrededor de toda la sala de baile, los mismos músicos iban refiriéndose a ese animal, según sus datos, no era una pieza fija, pues fueron muchos los bailes a los cuales asistió, toda su vida fue amante de los bailes y por su carácter jocoso, como pocas damas de su época era muy convidada a dichos jaleos, era cualquier música de joropo con guitarra grande y pequeña, marímbola y maracas y a veces el bandolín, aseguraba que cuando era con bandolín o arpa eso era interminable pues la alegría y el entusiasmo era demasiado evidente, nos relató que en cada vuelta que daban los bailadores, había un director del baile y a la vez del conjunto musical, quien estaba al pendiente de todo y al girar, al grito de la palabra “Bomba”, el conjunto detenía la música y él, le informaba a quien le correspondía recitar su verso, a la palabra de “Verso pa’ su Pareja”, cuando le correspondía el turno al caballero, que era quien iniciaba la suerte de verso de pregunta y respuesta, puesto que una vez culminado el verso, a manera de cuarteta octosílaba del caballero, tras la algarabía y gritos de emoción de todos los bailadores y demás personas presentes, se reanudaba la música cantándole a la guacharaca: Mi guacharaca bonita, guacharaca pico de plata, que si esto que si lo otro, acá notamos que la doña Cambero, era buena para relatar y según ella misma aseguraba, para bailar, pero no para cantar, todos daban el giro en parejas bailando y al llegar nuevamente la pareja de turno al lugar frente a los músicos, el encargado del baile anunciaba con la frase “Bomba”, para que los músicos se detuvieran y a viva vos decía “Verso pa’ su parejo”, pues le correspondía en ese instante declamar el verso a la dama respectiva, su verso cónsono con el que anteriormente la habría dedicado su compañero de baile, así irían uno y otra y un y otra, hasta concluir todas las parejas, al final se tocaría un buen joropo de continuo y al finalizar las felicitaciones y las bromas no se hacían esperar.

Aquel extraordinario relato de Petra La Catira, la de Los Cambero, me hizo enfriar el interés por Los Maitines, le pregunté de otros informantes y sé, que me refirió varios de Albarico, al Señor de Apellido Vásquez, con quien tuvimos la dicha de hablar durante largo tiempo en su casa en Albarico, y quien corroboró toda la información suministrada por Doña Petra Cambero, ambos nos refirieron a varios de San Javier, pero por la euforia del momento no tomamos nota al respecto, justificándonos en que cuando volviésemos a hablar con ellos los anotaríamos, aun esperando volver a verles, se que será imposible, por ahora, será cuando Dios así lo decida, esperemos no sea tan pronto. Lo que si hice fue preguntarle a mi Abuela Emérita Villanueva, de lo cual me dijo que si que todo eso era cierto, pero que ella conocía ese Baile era como Fandanguillo, que no se cantaba nada, por lo menos los que se hacían en Cañaveral, Vijagual, Tamanavare, La Ermita (La Vieja), Maporal (Hoy día La Morita), Cocorote, entre otros lugares cercanos, donde eran el plato fuerte a la hora de una fiesta familiar, me contó además que si había oído hablar del Baile del “Fandango de La Guacharaca” como lo llamaban unos y que otros le llamaban el “Fandanguillo de la Guacharaca”, pero que de verlo bailar no lo vio.

En una ocasión, en San Javier, andando con Juana Landinez en busca de unas taparas para elaborar unas Zarandas de semana Santa, conversando con unas viejas amigas de ella, Juana de joven vivió en San Javier cierto tiempo, hablaban de sus tiempos de mozuelas y una de ellas refirió el baile de las bombas, que ella lo bailó mucho, pero lo refirió como el Baile del Pañuelo, lo describió con idénticas características al descrito por Petra Cambero La Catira, pero con el nombre de El Pañuelo, quede con ella en que volvería para que conversáramos al respecto, pero aun no lo he hecho, siempre le mando razón que iré, pero prometo que muy pronto cumpliré con la cita.

Ahora bien, como nuestro interés, es el que los bailes y/o danzas tradicionales de las comunidades de nuestro Yaracuy sean fortalecidos. Los que están en franco proceso de extinción sean revitalizados y los extintos retomados, hemos presentado una propuesta, consideramos que las misma bastante ajustada a una realidad existente en el estado, con la sana intención de que resurja de sus cenizas como el Ave Fénix, si algún otro especialista o inquieto pesquisador puede aportar datos y detalles que mejoren nuestro trabajo, pues bienvenido sea, aun son varios los libros vivientes o maestros pueblos como les han dado en llamar, considero que mas idóneo sea el término “Libro Viviente”, sin embargo lo que importa no es el continente sino lo que contiene.

En cuanto al asunto de los maitines, no volvimos más a indagar de ello, con el tiempo, murió El Poeta Campesino, murió La Catira Petra Cambero, así como ha muerto un gran número de cultores, para mi como dije en el párrafo anterior “Libros Vivientes” llevándose consigo su inagotable bagaje de conocimientos, todo ese cúmulo de saberes, inmensamente desaprovechado, inaprovechado o subutilizado por los que aun estamos en este plano terrenal. Un día, hace ya algún tiempo hablando con un amigo, que por cierto es nieto de Ramón Chirinos, El Nenè Echeverría (Raúl), este me comentó que él tenía todo ese trabajo sobre Los Maitines, documentado, en su caso, el al igual que yo, sustentado en la historia local y la tradición oral del pueblo.